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Relato Erótico con un Desconocido

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Relato Erótico escrito por un Amante anónimo .....

Un café. Todo comenzó con un café. Negro, sólo y bien cargado, con el grado exacto de madurez y de torrefacción. Un café de verdad, ideal para los que nos consideramos auténticos amantes del café. Pero recapitulemos. ¿Cómo llegue a probar este café de primera? La respuesta hay que buscarla unas semanas antes, cuando el azar de las redes sociales puso en mi camino un perfil sorprendente, transgresor e inspirador.

Unas fotos poco aptas para hipertensos, unos comentarios divertidos y un sinfín de enlaces a un mundo nuevo y fascinante me encadenaron al perfil. Tuit a tuit, comentario a comentario, foto a foto… las ganas de tomar un buen café se me fueron despertando poco a poco. Me encanta el roiboos. No creo que nunca lo abandone, pero de tanto en tanto me gusta aventurarme a probar nuevas infusiones, nuevos sabores, nuevas experiencias gustativas.

La suerte ya estaba echada. Sólo hacia falta armarse de valor y buscar la cafetería que me permitiera disfrutar del café deseado. Y qué mejor para disfrutar de un buen café que hacerlo a primera hora, cuando el cuerpo y la mente todavía no están cansados, con el frescor de la mañana todavía metido entre los huesos y con la imaginación repleta de libido y deseo y la mente abierta a nuevas experiencias y sabores.

Han pasado ya alguna semanas y ya no recuerdo si fue un lunes o un viernes. Tanto da. Madrugón, ducha, cruzar la ciudad en moto y cita delante de la cafetería. Imposible no reconocer a la compañera de café. Sonrisa limpia, ojos escrutadores y unos andares decididos. Ya no había vuelta atrás. Cruzar el rubicón ya no era un tabú, sino una necesidad. El café tan deseado acababa de llegar.

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Sólo y con toda la cafeína del mundo. Con un cuerpo equilibrado y un aroma personal e intransferible, mi adicción al café estaba a punto de tener una alegría. Tanto da que nos los sirvieran en unos vasos de plástico térmico ni que la resposteria adjunta quedará casi intacta. El café ya había cumplido su misión, había roto el hielo imaginario que separa a dos personas que sólo se habían intuido e imaginado en las redes.

Ni continental, ni English Breakfast, el desayuno que compartimos tiene derecho a ser bautizado en mayúsculas: MissTaboo Breakfast. La lástima es que no esté disponible en el Starbucks. La lástima o la suerte. Mejor mantener el misterio y el acceso restringido para asegurar su calidad y su encanto, un desayuno que satisface sin empachar, delicado pero contundente, sobrio pero embriagador…

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Las primeras citas siempre tienen algo de especial. Sea cual sea su carácter. No importa que sean sentimentales, laborales, entre amigos o, como ésta, de placer. Que levante la mano quien no ame descubrir a su compañera de juegos poco a poco, lentamente, con un beso por aquí, una caricia por allá, mil y una miradas cómplices y deseo, aunque éste sea asimétrico y vivido con diferentes percepciones y expectativas.

10, 12, 15 minutos y ya nos habíamos presentado, dejando atrás nuestras máscaras, nuestras vidas oficiales y las rutinas que nos acompañan. El desnudo democratiza las relaciones, dicen. Pues eso. Estábamos ya en pleno ejercicio democrático, votándonos, enmendándonos y refrendando nuestro compromiso temporal… y sexual. ¿Por qué aquí hemos venido a hablar de sexo, no?

Que os voy a explicar que no os imaginéis de MissTaboo. Besos, lametones, penetraciones, caricias, palabras y, espero, placer mutuo. Nuestra amiga es una mujer generosa que agradece la generosidad. Y en el placer sexual el primer mandamiento tendría que ser siempre éste: la generosidad, buscar el placer ajeno antes del propio y, si se tiene la fortuna de que los dos placeres coincidan en la misma taza de café, pues mejor que mejor.

Os podría explicar como fueron nuestros besos, como nos comimos, como nos acoplamos y como nos disfrutamos pero no lo haré. Los detalles por si sólo no son nada. Es la suma de ellos lo que hizo de esa primea cita una cita especial, una primera cita digna de ser repetida mientras el cuerpo y el deseo lo permitan.

Han pasado ya algunas semanas y hemos repetido café, pasta, incluso nos hemos atrevido con la pastelería y con un buen vino blanco envejecido en sus propias lías. Cada encuentro ha sido diferente y, por qué no, mejor que el anterior. Y este es el secreto de las relaciones. Incluso las relaciones esporádicas necesitan de una cierta magia, de una cierta chispa para prolongarse en el tiempo.

Y en esas estamos, al menos por mi parte. Dejando el café por unos días para volver a desearlo con todo mi sexo, para no morir de empacho, para volver a degustarlo compartiéndolo con una gran amante y para descubrir nuevas sensaciones y nuevos caminos de la mano de nuestra amiga. Mientras ella quiera, claro.

Biografía:

Este relato erótico me lo ha hecho llegar un amante al que aprecio mucho, me hace reír y madrugar, asi que suelo desayunar con él en algún que otro momento. Me ha pedido discreción por tanto no puedo publicar su nick, pero tuit a tuit se gano respeto y cariño…

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